Una cuesta abajo y el pie en el acelerador: lo que me dejó el lunes en Bilbao
Ayer, cuando abrimos el directo de Euskal Politik 117, Bilbao ya olía a contenedor quemado. Y lo que más me inquietaba no era el humo, sino la sensación de que nadie sabía muy bien por qué estaba pasando.
Vito Quiles no vino. Lo habían anunciado como el gran provocador, el motivo de la movilización, y se quedó fuera. Uno pensaría que eso desactivaría todo. Pasó lo contrario. Fue justo entonces cuando empezaron los destrozos.
Unai lo dijo con una crudeza que pocas veces le he visto. Llegó serio y enfadado, y en un momento soltó una imagen que se me quedó dentro: vamos por una cuesta muy inclinada y, en lugar de frenar, todos estamos pisando el acelerador. Al final de esa cuesta hay una pared. Puedes torcer a un lado o a otro, pero si sigues recto te la comes.
Creo que tiene razón. Y no lo digo solo por lo del lunes.
La polarización como paisaje
Llevo años atento sobre política vasca y nunca había tenido tan claro que la polarización ha dejado de ser un fenómeno para convertirse en el paisaje. Unos dicen que quienes quemaron Bilbao son el ejército de Sánchez. Otros, que eran elementos de ultraderecha. Y mientras tanto, en un vídeo, se ve a un chaval reventando un escaparate para llevarse un móvil. Cada uno ve lo que necesita ver.
En el programa saqué el caso de Serbia porque necesitaba creer que otra forma de protestar es posible. Allí unos estudiantes, con paciencia, organización y una causa clara, han conseguido un cambio a través de las urnas. No fue fácil ni rápido. Pero funcionó. Me parece un ejemplo mucho más revolucionario que cualquier barricada.
Sobre la violencia y la memoria
Juan Carlos recordó algo importante: en el primer Aberri Eguna de 1932 solo se mencionó a Irlanda una vez, y fue para decir que aquí no se iba a seguir el camino del alzamiento de Pascua de 1916. Hace casi un siglo ya había quien tenía claro que los objetivos políticos no se conquistan a golpes. Me pregunto cuántos de los chavales que el lunes iban encapuchados conocen esa historia. Probablemente ninguno. Y ahí tenemos todos una parte de culpa.
El derecho a perder con los tuyos
No todo fue sombrío. Hablamos de la selección vasca de pelota, que ha competido este año y ha traído medallas a casa. Lo dijimos en directo y lo repito aquí: yo quiero tener el derecho a que me gane España, pero con mi selección.
Esa es la medalla de oro de verdad. Y lo más bonito es que no ha pasado nada. Hubo vascos que eligieron la camiseta española y vascos que eligieron la nuestra, y el mundo siguió girando. Eso es exactamente lo contrario de lo que vimos el lunes por la noche: convivir sin necesidad de destruir lo del otro.
Me quedo con la sensación de que el problema no es de identidades, sino de cultura democrática. Del cansancio de hablar con quien piensa distinto.
Si queréis escuchar el debate entero, con sus enfados, sus risas y algún que otro fallo técnico (los tres nos caímos en algún momento), aquí tenéis el episodio 117 completo:
