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Monstruos o vecinos: Reflexión tras charlar con Pello Salaburu

 

Pello Salaburu volció a Euskal Politik a presentar Panfleto contra el olvido. Yo ya había leído casi todo el libro, sabía que hablaba de ETA, del GAL, de las víctimas. Lo que no esperaba es que la frase que más me iba a remover fuera una que, en apariencia, no habla de nada de eso:

«Nos cuesta aceptar que los asesinos son personas normales».

Pello la dijo con calma, sin subrayarla. Luego leyó un pasaje de Slavenka Drakulić, la periodista croata que se sentó día tras día frente a los acusados en La Haya. Al principio, escribe, te preguntas como Primo Levi si eso es un hombre, y la respuesta parece fácil: no, es un monstruo. Pero con los días ves cómo bostezan, cómo toman notas, cómo se rascan la cabeza. Y descubres que son camareros, taxistas, maestros.

Me quedé pensando en por qué esa idea incomoda tanto. Creo que la respuesta está en algo que Pello también dijo: si son monstruos, nosotros quedamos fuera. El monstruo es otro, viene de fuera, no tiene nada que ver con mi calle ni con mi cuadrilla. Si son personas normales, la frontera se vuelve muy fina.


El «y tú más» como refugio


La otra cosa que me gustó fue su manera de rechazar el «y tú más». Hablábamos de Felipe González abrazando a Barrionuevo y Vera a la puerta de la cárcel, y Pello no se quedó ahí. Está mal lo que hicieron ellos, y de la misma forma está mal lo que hizo ETA. 

«Si está mal, tú denúncialo y yo denuncio. Las dos cosas».


Parece obvio y no lo es. Aquí hemos convertido el «y tú más» en un deporte nacional, en una forma de ganar discusiones sin ganar nada. Cada uno guarda su lista de agravios y la saca cuando el otro abre la boca. Y mientras tanto, las víctimas, todas, siguen esperando que alguien diga simplemente: 

«Esto estuvo mal».

Lo que no se habla en casa

 Pello contó que en su casa la Guerra Civil era un tema tabú. No se hablaba. Supongo que muchos lo hemos vivido en alguna versión: el silencio en la sobremesa, la pregunta que no se hace, la foto que nadie explica.

Pello defiende que hay que hablar. Hacerlo con tiempo y con cuidado, pero hablar. Contar lo que pasó, quiénes fueron los responsables y qué parte les toca asumir. Me sorprendió un dato que dio: se calcula que las víctimas tardan de media más de dieciocho años en empezar a contar lo que vivieron. Dieciocho años de silencio antes de la primera palabra. Y nosotros, a veces, con prisa por pasar página.


Un panfleto que no grita

Lo curioso es que Pello ha titulado su libro Panfleto, y sin embargo en la entrevista no gritó nunca.

 Expuso datos, hizo preguntas, dejó silencios. Él mismo dice que su libro da los hechos y deja margen al lector. Quizá esa sea la forma más eficaz de gritar contra el olvido: sin levantar la voz, pero sin mirar hacia otro lado.

Yo me quedo con su última reflexión, la de Collingwood: lo único que nos dice de qué es capaz el ser humano es lo que el ser humano ya ha hecho. No es una frase para deprimirse. Es una frase para ponerse límites.

Si tenéis una hora, os recomiendo verla entera. No os va a dejar tranquilos, y creo que de eso se trata.



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