60 juramentados en Larrazabal: el Foro Larrazabal presenta su proyecto
El pasado viernes, 5 de junio, tuve la oportunidad de vivir uno de esos actos que merecen ser contados. El Batzoki de Larrazabal, en el barrio bilbaíno de Begoña, acogió la presentación pública del Foro Larrazabal, un proyecto en el que participo y en el que creo, y que desde hace cuatro meses viene tejiendo, en silencio y con convicción, un espacio de pensamiento y debate desde el nacionalismo vasco.
La elección de la fecha y el lugar no fue casualidad. Este 3 de junio se cumplió el 133 aniversario del Juramento de Larrazabal, aquel momento histórico en que Sabino Arana Goiri se comprometió, ante un grupo de notables vizcaínos, con la restauración de la patria vasca. Lo que entonces era un caserío-txakolí es hoy el batzoki que lleva el mismo nombre. Allí, en ese mismo espacio cargado de historia, casi una sesentena de patriotas libres —sin mochilas, sin necesidad de aplaudir consignas— nos sentamos a comer, a escuchar y a debatir.
Un espacio sin tutelas
La salutación de bienvenida corrió a cargo del presidente del Foro, David Salinas-Armendariz, quien perfiló con claridad los contornos del proyecto: un foro abierto, plural, apartidista, sin censuras y sin el telefonazo de ningún dueño de medio. Un espacio donde las opiniones, a veces divergentes entre sí, no tienen por qué amoldarse al interés político del momento. La única exigencia: responsabilidad de autoría y predisposición al debate abierto.
En un tiempo dominado por el anonimato de las redes y por los círculos oficiales cada vez más temerosos de la discrepancia, ese compromiso con el nombre propio y con la valentía intelectual no es poca cosa.
Xose Estévez y el sustrato identitario previo
La jornada se enriqueció con la conferencia del historiador Xosé Estévez, voz de referencia en el estudio del nacionalismo vasco; del cual tuve la suerte de ser alumno; que disertó sobre los Orígenes del Nacionalismo en Euskal Herria (1893-1923). En treinta magistrales minutos —con un jugoso coloquio posterior— Estévez nos recordó que el nacionalismo vasco no brotó de la nada: existía un sustrato identitario previo asentado sobre la lengua, la configuración territorial propia, los mitos y leyendas, y una legislación y fiscalidad diferenciadas. Un proceso lento de maduración que, a través de precursores como Larramendi o Xaho, y de hitos como la Gamazada y la Sanrocada, desembocó en la eclosión aranista y la fundación del PNV en 1895.
El gallego-vasco, alma teorizante de Galeuzca, también apuntó los retos del presente: la integración de quienes llegan a nuestra tierra sin que ello suponga una pérdida de la unidad identitaria, y la necesidad de internacionalizar Euzkadi, abrirla al exterior y cuidar a la diáspora vasca. Reflexiones que dejaron huella en el coloquio que siguió.
El cierre que lo dice todo
El acto cerró con la interpretación colectiva del Euskal Herriko semeak gera, de la ópera Txanton Piperri, y a iniciativa de Josu Begara, se entonó el Euzko Abendaren Ereserkia. Ese final, espontáneo y compartido, resume bien lo que fue la jornada: personas distintas, unidas por una misma idea, dispuestas a pensar el pais que queremos.
El Foro Larrazabal ha dado su primera cita pública. Ahora comienza el trabajo de verdad. Ongi etorri!
